
Son muchas las personas, quienes de una u otra forma están relacionadas y aportan en gran medida a la conservación de las aves y los espacios que estas habitan, aunque, en su mayoría, no lo saben.
Tal es el caso de la señora Mélida González Martínez, propietaria de una vivienda, aledaña a un fragmento boscoso, ubicada en el barrio Monteblanco primera etapa, en la ciudad de Armenia.
Hablamos con ella y esto nos cuenta:
"Han sido muchos los años de mi vida, los que he dedicado a la observación de aves en los comederos que suelo instalar frente a mi casa - cuando ha tenido la oportunidad - , aunque no de manera académica ni mucho menos, todo ha sido fruto de la fascinación que me genera poder verlas tan cerca y maravillarme con sus comportamientos, los cuales me dejan sin palabras. Recuerdo cuando vino el Barranquillo por primera vez a comer, fue un momento realmente emocionante, ver sus largas plumas azules en la cola y aquella corona brillante que resalta a cuadras de distancia, y yo, lo tuve a 2 metros. Esta misma emoción me genera cuando viene a comer cualquier otra ave, sin importar cuan grande o llamativa sea, todas me parecen hermosísimas, además que verlas me entusiasma a mantener bello mi jardín y toda la zona verde compartida con mis vecinos, a quienes aliento a crear la misma disciplina por cuidar y mantener estos espacios óptimos, no solo para nosotros, pues ¿a quién le gusta ver su casa sucia por fuera?, creo que a nadie, igualmente para cuando vienen las aves, espero tenerles el comedero perfectamente acondicionado y bien provisto de frutas y semillas.
Las aves, no son solo bellas, embellecen cada espacio que visitan. Simplemente me encantan"
Compartir estas historias de doña Mélida, es un placer, porque nos recuerda que la conservación de nuestros entornos naturales y las especies que los habitan, se sale de la academia y debe hacer parte de la comunidad.
Conservando, a vuelo de pájaro
Esteban Castaño O, Luisa Fernanda Quiceno E.

